DE CARICATURA

En la tradicional Plaza de Caicedo en el centro de Cali, diariamente se instalan caricaturistas dispuestos a satisfacer a quienes desean plasmar su rostro de manera exagerada y cómica. Los vallecaucanos poco a poco reconocen la forma de ganarse la vida de estos artistas, y es por eso que las personas acuden en gran número para apoyar la actividad de caricaturizar.
Aunque la mayoría de estos dibujantes vive en el anonimato, hay algunos que sobresalen por su experiencia y la gracia con que atienden al cliente mientras lo ‘ridiculizan’ sobre el papel.
En una tarde atípica, gris, con baja afluencia de público y mientras contempla su carpeta de gráficos, Osvaldo Díaz cuenta como nace su amor hacia esta práctica: «Aunque me gustaba la arquitectura y quería estudiarla, yo heredo el amor por las caricaturas de mi padre, él murió en México. También fue quien me relacionó con las artes plásticas en la escuela de San Alejando en La Habana, allí él me matriculó porque sentía que yo tenía talento», señala este artista de origen cubano.
Aunque la mayoría de estos dibujantes vive en el anonimato, hay algunos que sobresalen por su experiencia y la gracia con que atienden al cliente mientras lo ‘ridiculizan’ sobre el papel.
En una tarde atípica, gris, con baja afluencia de público y mientras contempla su carpeta de gráficos, Osvaldo Díaz cuenta como nace su amor hacia esta práctica: «Aunque me gustaba la arquitectura y quería estudiarla, yo heredo el amor por las caricaturas de mi padre, él murió en México. También fue quien me relacionó con las artes plásticas en la escuela de San Alejando en La Habana, allí él me matriculó porque sentía que yo tenía talento», señala este artista de origen cubano.

